Crónica introspectiva – Wonderwall

Fotografía y Producción de moda: @conexionfetichez Asistencia de producción y luces @cordonez13 Maquillaje @lexbustamante Modelos @gerardrey30 & @sergiovalenciap

La noche comenzó a desvanecerse a través de aquellas empañadas ventanas, que entre cortinillas, me dejaban escribir R y C dentro de un corazón. El frío húmedo del páramo me atormentaba por completo, el chaleco “Carlos vives” de cuadros azul con negro que me había puesto era muy “trendy” pero absolutamente insuficiente, mamá lo advirtió al comienzo de la travesía, pero yo y mi sentido de la moda no permitía consejo alguno. Por otra parte, las sillas de aquellos viejos buses de Copetran tampoco ayudaban mucho. Era absurdo que el destello de modernidad de aquellos dinosaurios mecánicos fuera su aire acondicionado a toda potencia ¡pueden creerlo! Recorríamos las majestuosas montañas de la Provincia de García Rovira, lo hacíamos por una trocha escalofriante llena de abismos y en medio de un frío absurdo y, a esta bendita empresa de transporte, le daba por estrenar su última adquisición congelándonos a todos adentro …WTF… era imperdonable y tortuoso.

Lo único que me emocionaba era que al final del viaje estaría en Guaca el pueblo en donde vivía Román, hasta entonces mi primer y único amor. Era el diciembre de 1998 y llevaba conmigo mis dos regalos de navidad: un diskman Sony y mi nuevo CD (What’s the Story) Morning Glory? de Oasis, toda una novedad. Oasis era una banda inglesa con la que estaba obsesionado y que gracias a TvCable y su canal MTV había conocido. La canción que me tenía embobado no era otra que, Wonderwall.

Esa canción o mejor, el álbum en general, llegaron para darme mi primer resplandor de autoestima y confianza, intentaba peinarme como ellos, vestirme como ellos, aprender pronunciación en inglés con cada track, sin embargo lo mejor, fue llegar al pueblo, me sentía el más alternativo de todos tarareando las rolas y recorriendo las empolvadas calles con mis Converse azul. Lo malo fue que para mis anfitriones en Guaca las cosas no eran tan rosa como yo imaginaba, y el frío dejó de ser un problema, ahora el espectáculo de chiflidos, burlas y uno que otro insulto fueron el detonante para no pasarla tan bien en el viaje y en el pueblo del novio clandestino.

Llegar a la casa de la tía Chava nunca dejó de ser una delicia. Ella, una mujer encantadora, de sonrisa amplia y amorosa, con los abrazos más deliciosos, de esos que te estrujan los huesos de tanto amor y felicidad, cada que la visitaba me los daba con todas sus fuerzas “Cesitar mijito como está de grade, pero mucho lo flaquito, deme unos diítas y le saco unos cacheticos bien rosados” ella siempre nos esperaba agradecida por la visita, pues su familia era su mayor tesoro. La tía fue una mujer de cantos andinos maravillosos e historias rurales que siempre que escuchaba me hacían viajar a épocas y lugares de película.

La casona antigua era espléndida: con árboles frutales, plantas con flores de todos los colores, perros, gatos, gallinas, palomos, conejos y todos los animales de granja que puedan imaginarse, aunque honestamente, lo más espectacular era su gran y tiznada cocina de leña, en verdad algunas paredes parecían la coraza negra y brillante de un dragón medieval. En ella había una enorme mesa de madera que reunía siempre a toda la familia y nos envolvía en aquel olor a comida de campo, en esa atmósfera familiar tan genuina y, en serio, ese sabor de maíz de las arepas, tamales, ayacos y demás platos típicos de la región, una delicia. Un momento de familia tremendo e inolvidable. Pero volvamos a hablar de Wonderwall y su vínculo con mi primera vez.

Como les venía contando, la primera vez que comí tamal… ummm no, la primera vez que ordeñé una vaca… tampoco, la primera vez que escuché indie rock inglés… claramente no… no señores, esta canción es la memoria que me conecta con mi primera vez en el sexo. Llevaba ya varios años enamorado de Román _ pero mal… que digo enamorado, tragado, contaba los meses para irlo a ver y pasar días enteros a su lado. Yo era el chico de ciudad y él un chico del campo, que novelesco no?

Recorrer los campos verdes y frescos de Santander era nuestro mejor parche, íbamos a quebradas y ríos para desnudarnos y observarnos por minutos eternos y húmedos, cuando intentaba acercarse más de lo que le era permitido yo me sumergía en la parte más profunda y pues Román, al no ser fanático de las aguas frías y oscuras retrocedía. Antídoto perfecto. También nos subíamos a los árboles y, ocultos tras el follaje, nos besábamos apasionadamente sintiendo nuestros cuerpos estremecerse y endurecerse, era una chimba sentir su transpiración salada en mis labios, es electrizante recordar cómo sus manos fuertes me apretaban las nalgas suaves de quinciañero. Román era mi mundo y cuando le mostré mis nuevas adquisiciones: el diskman y el CD de Oasis el man creo…viajó tipo a su propia Matrix, alucinaba, esa tecnología no era la suya, solo había visto vinilos de Vicente Fernandez o Diomedes Diaz, sus favoritos. Así que ver como ese pequeño compac disk se movía destellando rayos multicolor en danza con el sol y luego escuchar la música mientras observaba la pantallita azul encendida que mostraba el tiempo transcurrido del track, fue alucinante para él.

Después de disfrutar del campo nos acostábamos sobre el pasto fresco y bajo la sombra de un árbol de durazno frente a un pozo de aguas tranquilas y miedosas nos decíamos poesías_ Vaya camino de maltrechas rocas hemos de patear, una más sedentaria que la anterior. Es incomprensible observar albas que te invaden de un gélido vaho y crepúsculos, cuyo protagonista gotea por el pecho y hace atragantar la reseca garganta _ me decía Román con profunda resignación.

Ahora que lo recuerdo señores estoy convencido que mi poesía empezó allí, en esos momentos de felicidad eterna y pienso que un verso escrito, hace poco, describe muy bien esa sensación, aquí les va: “Extraviado no es precisamente aquel sendero de tapetes de musgo acolchado, eucaliptos adornados con sus accesorios de edad media oscurantista o paredes que radiografían la historia. Extraviado es el deseo de dos jóvenes, que no ha hecho más que instalarse en rústicas atmósferas aletosas e inesperadas. Ellos siempre han sido la impronta de gallardos adolescentes, que germinan dentro del palpitante y absurdo corazón de Chez”.

Román y Chez fueron constantemente lanzados a las aguas inhóspitas de lo prohibido, allí se zambullen y el pantanoso, vital y escarlata líquido acuoso se los traga. Esa noche en que estuve por primera vez con un hombre fue espléndida, me sentía muy nervioso, lo presentía desde que nos despedimos en el parque y nos pusimos una cita a las afueras del pueblo en un pequeño mirador. Intuía que esa cita tan clandestina tenía gato encerrado o mejor “Chez enyardado” pero no me importaba nada, lo amaba y quería que fuera él y solo él, el que me llevara a viajar por el universo de la sexualidad.

Me perfumé, me puse la pinta del 24 y una ruana lila de una prima que me encantaba y me hacía sentir mujer, mujer, me puse los audífonos y que ruede Wonderwall ¡carajo! la canción del momento. Llegué muy puntual al encuentro, él ya me esperaba, observé que tenía ropa al parecer nueva, estaba perfumado y dando gala de lo que él pensaba era su mejor look, la verdad ahora que lo recuerdo me da mucha risa, tenía el corte de ¡Pedro el escamoso!, solo que él era castaño claro y su pelo bien liso, menos mal. Recuerdo que me empezó a dedicar vallenatos jummmm ¿y ahora qué hago? Escuchar música con audífonos ya no era viable, una tras otra canción de Diomedes me entonaba con gallardía única, apagué el diskman, no me importaba, esos ojos verdes eran todo para mi, que cante lo que quiera, pensaba, mientras me siga besando y mirando con esos ojos, no me importa que sea Diomedes Díaz la banda sonora de mi primera vez.

Me desnudó de a poco, intentaba hacerme el difícil, ya saben imaginarios. También estaba muy quieto y con frío, así que él rápidamente se quitó su ruana y la extendió sobre la grama, se desnudo en menos de 5 segundos y fue cuando sentí que la felicidad me envolvía, sentir eso, desear eso que veía duro y húmedo, si señores, me entregue embriagado solo de amor y deseo. Dejé de sentir frío. Nos acostamos y todo su cuerpo fuerte y perfecto me rodeó. Bueno, no todo fue perfecto, no les voy a contar mentiras. Pero lo demás me lo reservo, aún soy romántico. Que los hombres y mujeres aparezcan en la historia de ambos es inevitable, que sus historias transgredan las historias de Chez y su amado no se cuestiona, ambos son silenciados, atormentados, su libertad cuesta y cuesta mucho.

_ Tenía tanto tiempo sin verte Román, ya no recuerdo cómo dibujar tus ojos sobre mi alma, he olvidado a qué huele tu salvaje ser ¿Por qué tardas tanto, por qué tardas amada melancolía?, la montaña y yo te extrañamos_ exclamé.

Román era un jilguero escurridizo que sabía cómo atravesar las ventanas del sol sin que el gran astro lo note. Su sigiloso aleteo y su alma camuflada se convertían en espejismos que recorren las trochas, abismos y cuevas de la majestuosa cordillera. _ Claro que lo más conveniente fue tomar a Cronos entre mis manos y encerrarlo en la mazmorra de nuestro amor prohibido, ¿qué otra cosa hubiésemos hecho? _ Exclamé. _ Déjame salir de la oscuridad a la que me has condenado. Si tu justicia en algún momento se alimentó de lealtad, abre las puertas de tu corazón impenetrable. _ me decía Román.

_ Usa las alas que te regalé la última noche en que nos vimos, dejemos de escondernos, dejemos de arrinconarnos en tu parásito camuflaje, ese no eres tú y tampoco soy yo. Las alas que te di son las memorias del futuro que te mantendrán a salvo, si las usas bien volaran por siempre y más allá de la muerte estaré a tu lado. _ sentenció Román.

5 comentarios en “Crónica introspectiva – Wonderwall

  1. Kriz dice:

    Me encanta leerte! Siempre logras transportarme a esos espacios donde viviste esas historias que forjaron lo que hoy en día eres. Me haces reír, llorar, emocionarme, sorprenderme y hasta erizarme. 🙂 Espero con curiosidad loca el siguiente episodio. :*

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    1. FetiCHEZ dice:

      And after all
      You’re my wonderwall… Perdón por la demora, me fui a un páramo a más de 4000 metros de altura y en medio de esas cimas no hay señal, me dí unos días de recarga natural. Tenemos que conocernos, me gustaría escuchar tu voz. Abrazos desde Colombia.

      Le gusta a 1 persona

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