Crónica introspectiva – Virtual Insanity

Fotografía y texto: @conexionfetichez Estilismo y producción de moda: @conexionfetichez Asistencia de fotografía y Cámara dos: @guardiasmaria Maquillaje: @guardiasmaria & @conexionfetichez Modelos: @guardiasmaria & @conexionfetichez Locación: Barichara, en Santander, Colombia.

_ ¿Y ahora qué hacemos? shiii no hables, nos van a oír. Sabía que no era buena idea venir parce, pero tú me convenciste, soy una estúpida. Lo siento Caro, en verdad lo siento mucho. Ya no llore no sea bobo, nadie nos va encontrar, pero no hablemos más bueno, todo va estar bien. _  Y ahora entiendo porque se sentía en aquel momento tan estúpida. Ahí estábamos, Carolina y yo encerrados en los baños de Cuva, la discoteca más top de Bucaramanga, era el año de 1998 y con 16 años, no solo habíamos tomado lo suficiente para no poder mantener el equilibrio sobre un simple retrete, también eran la 1:30 de la mañana y, claramente ese no era el lugar para un par de menores de edad jugando a ser adultos. 

Dos horas atrás, el par de adolescentes se habían tomado la pista atróz de Cuva y en medio de una decena de universitarios libidinosos de la UDES, bailábamos Virtual insanity de Jamiroquai, mi canción hit del momento. La gente en aquel entonces confundía el acid jazz británico de la banda con la música electrónica, ¡vaya desfachatez! Pero a mi no me importaba, solo me importaba estar ahí bailando para Ricardo, el hermano de Caro. Desde que lo vi aquella mañana lavando el carro en la verja de su casa, con su camiseta mojada y sus piernas torneadas y belludas me obsesioné con él, a tal punto que los convencí. Si, los convencí. A Carito de que inventara que Catalina, nuestra amiga, la del gran culo recuerdan, estaba tragada de su hermano y que quería ir a su fiesta, él no se negaría le gustaba hacía tiempo la lolita. Y a Ricardo, de que al final llevarnos sería divertido para el parche, o acaso los universitarios no se divierten emborrachando a las lolitas y los lolitos. 


Hola soy Chez Rodríguez y les doy la bienvenida a un nuevo episodio de Conexión FetiCHEZ. Hoy les contaré la historia de cuando Virtual insanity de Jamiroquai fue la banda sonora de una noche de copas, una noche loca. 

Se preguntarán que hace sonando Leonardo Favio en esta historia, bueno les explico. Mamá tenía ese disco, yo lo colocaba a todo volumen y de mi patio al patio de Carito le cantaba a grito herido esa canción. «Ooh mi Carolina….Ooh niña bonita» ella subía al segundo piso de su casa y se asomaba a la ventana sonrojada y muy emocionada. Cantarle, escribirle mis primeras cartas de amor con destinatario sin género y ser el amigo más especial de ella hasta entonces, hizo que su corazón latiera fuerte cada que salíamos a patinar, nos reuníamos a ver tv o jugábamos charada ¡y no se sorprendan quienes me conocen!, pues desde ese entonces la charada ya existía. 


Carito por esos años fue mi cómplice y junto con Luz Mila éramos el trío maravilla de Los andes y sus alrededores. Aprendí mucho de mi feminidad junto a ellas. Fueron, podría decirse, que mis mentoras en este mundo Queer tan alucinante. Por eso me fue muy fácil convencerla de que mintiera, de que jodiera hasta el cansancio y al final de que le metiera en la cabeza a su hermano, que llevarnos era una buena idea, eso y un pequeño chantaje entre hermanos que existía, y del que nunca me enteré. 


Recuerdo que esa tarde de sábado duramos como dos horas intentando cuadrar nuestros outfits, se los voy a describir de la mejor manera, pues también pienso que el tema moda y la forma en que me visto hoy día, empezó allí. 

El primer dilema fue encontrar una pieza de ropa en donde pudiera mostrar mis piernas, que por cierto me depilaba a la perfección y trabaja con ahínco en el gym. Después de divagar por horas decidimos que me pondría una pantaloneta fucsia impermeable de Nike que me llegaba a la mitad del muslo, por aquella época compraba todo en tallas pequeñas. La combiné con mi más valiosa adquisición unas botas Dr. Marten de charol negro que me habían regalado la navidad anterior. Ahora el tema era buscar algo que cuadrara en la parte de arriba, quería algo apretado, pues la pantaloneta por más pequeña me quedaba ancha, y yo, claramente quería resaltar mi cintura de avispa de 59 cms, sí señores 59.  La solución de carito, su body cuello tortuga negro, éramos casi de la misma estatura y contextura seguro me quedaría bien. En minutos lo trajo, bueno apuntármelo allá abajo fue muy chistoso. Las chicas saben de qué hablo.

Al verme al espejo me sentía divino, absolutamente lolito y sin duda femenino, sin embargo, sabía que mamá no me dejaría salir vestido así, además tenía que inventar una excusa, entonces con la complicidad de mamá, bueno de la mamá de de Carito, quien sin saberlo entretuvo a mi  mamá en su casa, salí dispuesto a devorarme la noche. Una camisa a cuadros negros con blanco amarrada a mi cintura era la cereza del pastel.  Y la excusa, me iba a estudiar a la casa de Marcela mi compañera del colegio, como era muy buen estudiante, ya se los había contado (jumm carajo como me aproveche de esa imagen de nerd no?) mamá me creía y nunca confirmaba nada. Caro por su parte iba con un vestido naranja ceñido al cuerpo strapless, una mini chaqueta blanca en denim y sus botines con medias negras hasta las rodillas, el look femenino del momento. 


Ella también mintió en casa y en complicidad con su hermano, quien había pedido el carro prestado para ir a la fiesta, les dijo a sus padres que iría a una pijamada donde su mejor amiga (evidentemente se cambió en el carro). Como su hermano era quien la sapiaba en todo con sus papás, si él decía que la llevaría a casa de una amiga, los padres ni se preocupaban por confirmar, pues Ricardo era su espía, ¿cómo putas iban a tener un infiltrado en su propia casa? Me recogieron en la portería de la Ronda II y señores, nos dirigimos a Cuva el bar de la 33 escuchando Máquina total, la música fiestera del momento. 

Como era de esperarse Ricardo se rayó pues Catalina no estaba conmigo esperando, le expliqué que sus padres al final no le había dado permiso ¡una lastima! (por supuesto me inventé todo). Ahora que lo pienso, me sentía como la Veneno hablando con un cliente fuera de su carro y creo que el mismo Ricardo se sorprendió de mi aspecto, imagino que hasta entonces nunca había visto a un personaje como CHEZ en todo su esplendor fiestero, y diría para sí, mis amigos se van a divertir mucho con ésta loca. Si tan solo supiera que la noche traería consigo un destino que cambiaría la vida de los tres para siempre.

Bien, evidentemente los amigos de Ricardo se extrañaron tan solo con ver llegar a una lolita y además acompañada de una especie de fusión entre metalero gay o lesbiana marimacha rockera. Y si señores, uno se colocaba unas Dr. Martin en Bucaramanga y se vestía casi de negro y era metalero. Además tenía el pelo muy corto, pues en el colegio me lo habían hecho cortar hacía poco. Sin embargo, algo se despertó en ellos al escucharnos hablar y ver esa valentía con que Caro y yo embestíamos la noche. Por mi parte fume y les recibí una cerveza en lata, Carito también se tomó una cerveza y una energía de sensualidad empezó a emanar de ella. El complemento fue que ambos éramos altos, podríamos pasar como mayores de edad. 


Y eso justamente fue el primer obstáculo, la entrada. Por suerte un amigo de Ricardo, Pocho, era uno de los hijos del dueño del lugar, así que pasamos sin que nos pidieran documentos, Vip señores. Y a la zona VIP frente a la pista de baile fuimos a parar, allí nos esperaban un litro de tequila y otro de aguardiente. El segundo obstáculo fue que Ricardo dejara tomar a Carito, una cosa era que lo hubiese chantajeado, otra muy distinta que le dejara ser ella misma envuelta en esa feminidad sexy que despertaba. La solución, la encontramos en el baño de chicas. Mientras la acompañé al baño, me encontré con Constanza Rivas, mi sexy profesora de danza del DICAS, se sorprendió de verme allí, pero le encanto mi contundente emancipación gay, así que en principio ella nos dió aguardiente del que tenía en su mesa y nos presentó a sus dos amigas. Como se imaginarán los chicos de la UDES al vernos con las guapas mujeres no dudaron en acercarse, socializar e invitarlas a la mesa VIP, a lo que las chicas aceptaron, ya habíamos encontrado la distracción perfecta para Ricardo. Empezamos a tomar, despacio en un principio, pero mientras avanzaba la noche la dosis era cada vez más seguida y más grande. Fue entonces cuando las luces multicolor y el humo transformaron mi universo y en la pista de baile sonó….

Honestamente estaba extasiado, no solo porque la tocaron pasada la media noche y, con la gente en tremenda fiesta, la pista siguió abarrotada. También porque esos sonidos electrizantes de la canción rompieron mi cuerpo, lo recorrieron y me hicieron dar uno de los mejores espectáculos de baile de pista que he hecho hasta ahora. Fue mi debut en las pista de baile discotequeras y vaya que de ahí en adelante si que le saqué provecho a dicho debut. 


Cuando salí agotado, minutos después de mi trance rumbero, volví a la mesa para maldecirme toda la noche por haber llevado a Constanza a nuestra noche loca. Ricardo y elle se estaban rumbiando de lo rico y otra vez, como dice una famosa canción del pòp rock español ochentero…

 

Fue inevitable sentirme traicionado, frustrado, decepcionado, así que bailar y gozarme uno a uno los minutos de la tanda funky sin duda aliviaron mi pesadilla. Allí bailando de lo lindo interactúe más con Pocho que estaba en un estado de alicoramiento similar o quizás peor que el mío, era evidente que bailar con Chez fue exótico para él. Disfrutar de la música y el momento era lo único que pasaba por nuestras mentes, después entendería que no solo eso pasaba por aquella cabeza de yupi universitario. Cuando regresó la tanda tropical, me invitó a un sillón que había en la tarima del dj, en una especie de terraza que quedaba en medio de la pista. Allí nos miramos sin decirnos nada, tomamos del trago que ya compartíamos y sencillamente nos dejamos llevar por el deseo. Besarlo fue emocionante, el dj aplaudía mientras seguía poniendo su música, nadie más estaba allí. Nos palpamos, nos olimos, nos degustamos, lo sentí duro, yo estaba duro, esta vez su boca deambulo no solo por mi boca, cuello, espalda y hasta mis piernas fueron subiendo la temperatura, su mano entró por debajo de mi pantaloneta fucsia, yo hice lo mismo y recordando mi experiencia con Catalina, tomé sus manos y las puse en mis nalgas, un momento de lujuria único. Por supuesto me pintó pajaritos y casas en el aire para llegar a tercera base, pero en general fue delirante sentir su gusto por mi, sentir su atracción dura y levantada, motivada por mi, por ese ser Queer que de repente emergía y despertaba para no volver a dormir jamás. 


De repente, el gorila de seguridad llegó muy agitado y nos dijo que la policía había llegado y que entrarían a hacer una requisa para ver si habían menores de edad infiltrados en el  antro. De inmediato mi instinto me obligó a buscar a Caro, la ví en la mesa vip con cara de angustia, me estaba buscando, nuestras miradas se cruzaron y sentí alivio. Bajé, nos abrazamos y de una Ricardo, su hermano, mostró un quiebre contundente, parecía un niño desesperado sin saber qué hacer. Imagino que Constanza al verlo así, tan bloqueado, perdió de inmediato su interés en él. Nos agarró a los dos y nos llevó corriendo al baño de mujeres, nos dijo que nos encerráramos en uno de ellos, el primero, según ella había estado en una redada anterior y al entrar siempre revisaban los baños del fondo. De igual forma ella se quedaría en el baño, con sus amigas haciendose las huevonas, que estaba arreglándose o algo por el estilo y cuando llegaran los policías bloquearían nuestra puerta y los distraerían. 

Todo pasó muy rápido, la policía ni siquiera revisó los baños, simplemente les preguntaron si habían más personas y las sacaron de una. Yo agarré muy fuerte a Carito y le dije que la quería mucho y que jamás olvidaría este momento, y como lo escuchan no lo he hecho. A los 15 o 20 minutos la música volvió, la algarabía regresó. Constanza regresó por nosotros y de vuelta a la pista a bailar y cuando observé las botellas casi vacías, rechacé los tragos que me ofrecían, ya no los necesitaba, la noche se había encargado de embriagarme con el éxtasis que siempre la acompaña. Ni Ricardo, ni Pocho tampoco fueron necesarios, sólo yo, en fusión con las sombras, las luces multicolor y la vibra ácida de Virtual insanity.   Tengo fama de gran rumbero y de personaje fantástico para las noches de fiesta, bueno, todo empezó en la pista atróz de Cuva, el bar de la 33 y Jamiroquai como banda sonora.

Y está señores fue la crónica introspectiva de cuándo Virtual insanity le dió vida al Chez fiestero. Fue una cátedra de vida estupenda, lo confieso. También les cuento que estar en la mitad de esta primera temporada me encanta, contarles mis anécdotas es un ejercicio que refresca mi ser, espero ustedes se sigan dejando envolver de estas atmósferas que con gusto creo para su propio deleite. Nos vemos pues la próxima semana con otra crónica aquí en Conexión FetiCHEZ. Y si les ha gustado el podcast no olviden seguirlo y compartirlo para que seamos más en esta gran comunidad. Un gran abrazo y feliz semana cualquiera que ésta sea. 

4 comentarios en “Crónica introspectiva – Virtual Insanity

    1. FetiCHEZ dice:

      Gratitud infinita mi querido Georges por siempre creer y apoyar mi trabajo y mi arte. Sabes como me honran tus comentarios y saber que te entretienes con mis contenidos. Un fuerte abrazo.

      Me gusta

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