Cada remolque tiene su espejismo

José Trigo – Fernando Del Paso

Editorial – FONDO DE CULTURA ECONÓMICA

467 PÁGINAS

Finalmente me desplomé. Cada tanto nacía un nuevo interrogante. No entendía nada y colapsaba. Fue la fatiga de aquel ocre crepuscular, que sobre rieles no hizo más que aporrear mi previa concepción del castellano. Indagué cientos de veces el diccionario. Descubrimientos y sorpresas surgían por doquier, todo un reto leer a Fernando del Paso. Mi espíritu andariego entendió, que sin prejuicios frente al uso del lenguaje, la corriente de estás páginas me dejarían flotar a gusto por entre las letras del mexicano.

Nonoalco y Tlatelolco. Una vez que comienzo a leer sobre estas calles quedo atrapado en sus paredes remendadas, me lleno de acertijos, soy seducido y envuelto en los jadeos de las Eduviges o las Buenaventuras, jadeos de polvo y aristas de pasto seco. El encaje de sombras revolotea de poste a poste, sobre faroles o sombrillas agujereadas de restaurante. Así mismo, cubriendo la piel de cada uno de los personajes se impregnaba un curtido grito de denuncia, arengas sindicales que personificaban aquel México obrero de comienzos del siglo XX.

Remolque tras remolque, esos rectángulos encapsulados y dantescos me sugerían, en cada capítulo leído, secretos de pudor, abandono, rencor, sexo, codicia y lágrimas. En éstas páginas podemos sujetar, con un uso inverosímil y majestuoso de la lengua española, la paradoja visceral de un pueblo mexicano post revolución, radiografía contundente de la América Latina obrera y miserable que hasta nuestros días, sigue buscando impetuosa y valiente la tan escurridiza justicia social. Del Paso retrató con franqueza al pueblo que lucha sin descanso por la llegada de ese amanecer en que todos disfrutaremos del plato caliente, el agua fresca y la paz anhelada y eterna.

Cuestionables patrañas nacen así mismo interpuestas entre versos impúdicos y trovas galantes. El machismo desbordado no hace más que encender fogones, abrazando el interior de cada remolque. Los delirios, sueños y pecados de familias mexicanas se cuecen bajo sus llamas. Nadie como José Trigo para inyectarnos a partir de una leyenda maltrecha y dolorosa, los relatos del andariego, el indígena, el mestizo o el colono, quienes sobrecogidos por todo cuanto observan, se dedican a tejer relatos de optimismo. Narraciones cretinamente gallardas e historias tan creíbles como absurdas.

Miguel Ángel, Luciano y el viejo TodoloSantos con cada una una de sus intervenciones en el libro, nos hacen partícipes de hechos y épocas autóctonas como anticipadas al tiempo en que se desarrollan. En ésta grata novela los años y las décadas perecieron ante la inminente extravaganza del nacimiento de una nación sobre rieles, ferrocarriles y anhelos de modernidad.

Gracias a sus memorias ancestrales nos entendemos como raza. Este arte narrativo del escritor mexicano, de gran riqueza y plasticidad, se enmarca en revoluciones y huelgas necesarias para comenzar a esculpir nuestra idiosincrasia. Este sosegado estilo clásico de escribir deja abierta la puerta de un nacionalismo puro e inteligente, en donde todos somos hijos de la madre Buenaventura y nadie tiene intenciones de dejar extinguir la llama valiente y transformadora de José Trigo.

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