38 alfileres y tres décadas de agujas

El olvido que seremos – Héctor Abad Faciolince

Editorial ALFAGUARA

319 Páginas

Tremendo vacío se desploma por mi hombro derecho y con el pasar de los segundos voy observando en un reflejo inoportuno la palidez de una vacía habitación. Los silencios e imaginarios parlotean conmovidos, revuelcan mis recuerdos. Una gran censura despierta. Veo con claridad el goteo lento y oscuro que chorrea delicadamente las hojas del libro de Abad Faciolince. Chispas rojas y negras van transformando las páginas, dejando a su paso tatuadas cartografías sangrientas en el libro y en mi. El líquido táctil me sorprende, pues no es escandaloso verlo. Esta vez su rastro es nostálgico y triste.

Al continuar leyendo, sigo recibiendo imágenes a través del espejo, se puede casi palpar la sangre derramándose entre mis dedos y ahora son las palabras que estoy leyendo, las que van desdibujándose absortas en una cálida agonía. Mi propia agonía.

Leer El olvido que seremos fue en principio recorrer ciertos lugares que usualmente son habitados en medio de la camaradería de un papá y su hijo. Fue abrazar a ese padre que perdona los errores de su crio con amor y paciencia, motivándolo a dar pasos más firmes. Fue dialogar con ese hombre que lleva tu sangre y que, de igual forma, se siente orgulloso de que seas tú quien porte su apellido, sus ojos o sus manos. Fue cobijarme con una masculinidad que jamás existió en mi hogar y fue vivir una historia ajena en lo absoluto, pues nunca tuve ni tendré un padre.

Ahora me pregunto ¿Qué se siente tener un papá? sigo intentando darme respuestas. Cuando era joven hice esta pregunta a un par de amigos, absorto quizás en dilemas que buscaban respuestas, sus palabras no hicieron más que convencerme de lo afortunado que era de no tenerlo y, por el contrario, tener una mamá/papá en su lugar. Hoy la inquietud renace. Hoy llegan a mi un par de memorias que había sepultado años atrás en el baúl más pesado y la fosa más profunda. Hoy esos recuerdos llegan por otras razones, son ausencias difíciles de lidiar.

Mientras escribo la reseña para este libro un sentimiento de vacío me invade por completo, es pesado respirar, es duro imaginar lo que nunca pudo ser, es frustrante no poder abrazar respuestas sensatas y muy doloroso sentirse un hijo sin gratitud. Lloré al leer un par de capítulos de El olvido que seremos y lloro ahora mientras escribo la primera carta a mi padre ausente, a ese hombre a quien le fue cercenada su imagen, pues al día de hoy, ni siquiera sé cómo fue o cómo es físicamente. Mi primera carta al padre efímero de vagos comentarios familiares. Hoy lloro porque lo más seguro es que él no pueda leer la única carta que su hijo le escribirá.

“Papá hola, soy yo, Chez, aunque si en algún momento escuchaste hablar de mi, de seguro fue con el nombre de César Fernando. Bueno, hoy te escribo esta carta con una inmensa nostalgia por lo que nunca se me otorgó en esta vida, el tener un papá. Debo reconocer que la labor titánica de una madre soltera es admirable, por ende, entenderás que mamá es la mujer más valiosa y significativa en mi existir, mi admiración hacia ella no tiene límites. Pero hoy no se trata de ella, se trata de ti y tu completa ausencia. Se trata de un libro que de seguro a muchos lectores les recuerda sus relaciones padre e hijo, su lectura me lleva a escribirte sin tener la certeza de que leerás estas palabras. Aún sin comprender, el porqué de tu abandono, quiero decirte que en mi corazón no guardo rencor alguno, es innecesario y estúpido. Hoy lloro porque me siento libre, el ejercicio de imaginarte leyendo mi carta es suficiente para otorgarme grandes alas de cóndor y vuelo papá, quizás tan solitario como aquella ave de páramo, pero libre al fin y al cabo. Espero estés bien donde quiera que te encuentres. Espero tu presente sea tranquilo y saludable y espero, profundamente, desees reencontrarte con la semilla plantada alguna vez, pues estoy convencido que las similitudes te sorprenderían gratamente.
Imaginándote, Chez”

El olvido que seremos es un libro que nace de un sentimiento genuino de amor y lealtad del escritor hacia su padre. Nace de la valentía de retratar a una familia revolucionaria a pesar de los opuestos. Nace de el respeto a la tradición antioqueña y la fuerte rivalidad entre las mentes libre pensadoras y las doctrinas sociales ultraconservadoras. Leer a Abad Faciolince en este libro es una ventana a la introspección y, eso señores, tiene un gran valor para los lectores.

2 comentarios en “38 alfileres y tres décadas de agujas

  1. Jorge Torres G. dice:

    HERMOSO TEXTO QUERIDO CHEZ, A VECES UNA MAMA TIENE M;AS BOLAS QUE TODOS LOS HOMBRES DEL MUNDO, CUANDO UN HOMBRE NO ESTA, EST;AN TODOS LOS AMIGOS PARA VALORAR Y APOYAR TU VALIOSA EXISTENCIA , TE QUEREMOS….

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