Poesía seductoramente invasiva

Baladas baladíes

John Gómez

Editorial SÁTIRO
“El impulso de escribir o narrar tu historia,
 jamás debe sucumbir a presuntas decadencias 
habitantes de lo globalmente mediático.”
“Somos escrituras virulentas que añoran ser pandemias de gritos, 
arengas contestatarias y versos encapuchados.”

¿Qué es poesía? Un tesoro, una línea de cocaína, el colibrí perdido en las flores de un graffitti, los jóvenes de la primera línea, los colombianos que bailan, tocan instrumentos, cantan arengas y protestan por una patria ausente, una prostituta, un hombre con falda caminando por la carrera 33 de Bucaramanga hacia un encuentro orquestado en Tinder. Aún no detecto la respuesta correcta. Entonces vuelvo a preguntarme ¿son los infortunios y glorias de la vida en sí mismos poesía? Quizás aquel que escribe versos poéticos y está inmerso en su océano melancólico o aquel que deambula y se arrastra por pasillos de locura escribiendo versos con la punta de sus dedos ensangrentados sobre paredes silenciadas y gélidas o mejor aún, aquellos que se implantan fecundando la inmensidad de la conciencia humana puedan llegar a tener la respuesta asertiva que ando buscando. Amanecerá y veremos.

Acercarme pues a la definición de poesía, es acercarme a ese relato de verdades indecorosas, prohibidas, censuradas que pocos estamos dispuestos a escuchar y, en casos más decadentes, es acercarme a leer dichos relatos. Hoy estoy leyendo poesía, la de un santandereano como yo. Por ahora solo en eso nos parecemos. A veces pienso que personajes tan contrastados, como nosotros dos sin saberlo escribimos versos soñando con imaginarios vergonsozos, dejando implícito en nuestras palabras escritas, los prohibidos pensamientos de admiración mutua.

Baladas Baladíes llegó a mí, gracias a un escrito propio que hace un año compartí con su autor John Gómez. Recuerdo que me escribió por el chat de Facebook “¿Sabías Chez que yo también escribo?” Claro que lo sabía. Me avergonzó que su pregunta estuviese fundada en la certeza que él tenía, de mi desconocimiento de su obra. Apenado le confesé que sí sabía, pero que nunca lo había leído. Declaré querer leerlo y que si tenía algo por compartirme por favor lo hiciera. Dos horas después, su obra completa hasta entonces, llegó a la puerta de mi casa y finalmente conocí su escritura. Leerlo ratificó la imagen de artista de penumbra y calle que tenía del señor Gómez, comprendí su desparpajo y osadía que se entremezcla en mis memorias empantanadas con el aroma al trago barato de los andenes donde le hablé la primera vez.

Acercarse al libro y su contenido es experimentar visiones perturbadoras, memorias fugaces capaces de llevarte a la autocrítica constante y episodios en donde se hace posible allanar un camino para que el lector y su empatía política se encuentre con el epicentro del ideario de la poesía de Gómez. Dualidades que desencadenan periodos de lectura envolventes. Hablemos entonces de dos de las baladas que me obligaron a parar, tomarme esos segundos en donde te preguntas con entonación prolongada ¿será? y vas escribiendo las ideas que revolotean, bien sea en las páginas que lees o la libreta de notas.

La balada del futuro para mi fue como leer el libro de las revelaciones escrito por “nuestro apóstol urbano”. El poema fue publicado un año antes de las manifestaciones de abril del 2021. Sé que prever el futuro social y político de un país como Colombia, con 60 años de guerra y toda una vida republicana plagada de corrupción, no requiere de dones especiales, basta con leer y consumir medios de comunicación independientes y no controlados por las tres familias que dominan al país. Sé que John lo hace. Sin embargo, las palabras que componen este poema son tan críticas, tan bien entrelazadas, tan fotográficas, tan perennes que me sentí leyendo una profecía. Siguen saliendo a flote los cuerpos en los ríos Cauca y Magdalena. En su recorrido acuoso siguen preguntándose ¿Y de quién es el futuro?.

El otro poema que me capturó es la balada de la ausencia. De principio a fin es una oda a mi realidad actual. Los ausentes del poema están relacionados con las ausencias de mi existir. Es retrospectivo y leerlo es amargo. Creo que el lector podrá conocerme un poco a través de esta balada. También pienso que es la emancipación que muchos ciudadanos deseamos y que pocos son los privilegiados en obtener. Liberarse de la realidad colombiana es una batalla campal en la cual hay más derrotas que victorias. Ahora, si a todo lo anteriormente mencionado, le agregamos unas bellísimas ilustraciones cargadas de transgresión, denuncia, belleza y debate de la talentosa artista santandereana Chica Vinagre, el libro es una preciosa pieza para tener en tu biblioteca.