Me duele más escucharte mentir

Los abismos (Premio ALFAGUARA de novela 2021)

Pilar Quintana

Editorial ALFAGUARA – 246 páginas

Y sin pensarlo previamente vuelvo a viajar a la hoy ardiente Cali, en Colombia. Gracias a las páginas de un nuevo libro lanzado este año y ganador del premio Alfagura de novela 2021. Los abismos, de la escritora caleña Pilar Quintana, podría tal vez convertirse en un relato premonitorio, por su título, de la cruenta realidad que mantiene sofocada a la capital del Valle del Cauca. Pero no es así. Cali hoy día sufre el abandono y la desidia de un estado indolente capaz de vender a su pueblo por supuestos descréditos económicos internacionales e ideas nefastas de nación o democracia. Ahora que lo pienso, quizás Claudia la protagonista de esta historia, es Cali. Ella también está abandonada por su madre, ella también es víctima de una familia insensible y poco empática, para quienes no son importantes los sentimientos y emociones de la pequeña. Cali y Claudia lloran sus muertos y frente a los abismos que las habitan y persiguen solo la asfixia y el miedo son protagonistas. Sus gritos buscan ser escuchados a toda costa, marcha o causa.

“Arriba el corredor era abierto a la sala, como un balcón, con barandas de tubos iguales a los de la escalera. Desde allí se contemplaba la selva, abajo, esparcida por todas partes.” Los abismos – Pág. 13.

Escribir es sin duda el relato más íntimo de un ser humano, es una canoa que tranquila recorre las aguas de nuestras propias historias. Escribir es tejer memorias y compartirlas a quien quiera leerlas. eso precisamente encontramos en este libro. Adoré la descripción de un trozo de vegetación exuberante en el corazón de las selvas de asfalto en que se han convertido nuestras ciudades. En días pasados compré plantas y macetas y quiero transformar mi casa en una selva. ¿Se da cuenta el lector de lo inspirador que pueden ser unos párrafos bien escritos? Empiezo a comprender por qué el galardón recibido.

Es fantástico sentirse en aquel lugar, casi puede olerse, impregnarse de su frescura, relajarse con el verde acogedor de su follaje salvaje. Y todo gracias a la narración introspectiva de Claudia, una niña caleña al parecer muy normativa y con unos padres más normativos aún. Quienes lean el libro, seguramente encontrarán, al adentrarse en las páginas de Los abismos, una sobresaliente percepción infantil de la realidad actual. Tan madura y sensata esta idea de realidad podría sorprenderlos e, incluso, hacerlos cuestionar al respecto ¿Qué tan maduros y sensatos somos los adultos en verdad? ¿Tenemos siempre la razón o somos más bien los verdugos de su real significado? Claudia, inmersa en su inocencia, le brindará al lector varias enseñanzas y transformará el imaginario infantil que se tiene de los niños, en un absoluto enriquecimiento interior.

“Había plantas en el suelo, en las mesas, encima del equipo de sonido y el bifé, entre los muebles, en plataformas de hierro forjado, y materas de barro, colgadas de las paredes y el techo, en las primeras gradas y en los sitios que no se alcanzaban a ver desde el segundo piso: La cocina, el patio de ropas y el baño de las visitas” Los abismos – pág. 13.

Leer a Quintana igualmente me brindó una avalancha de sensaciones que se acomodan y mecen en la hamaca de lo que hoy en día son mis memorias. Recordé los debates y marchas realizadas en contra de las cartillas de género y, cómo el tema de las familias no convencionales fue duramente politizado. Juzgue el lector qué es realmente una familia: La normativa compuesta por Papá y Mamá o aquella que se edifica en el amor, el respeto, la honestidad, los valores de empatía y solidaridad, el trabajo y sin duda la igualdad social; así esta familia sea de mamá y mamá, papá y papá, mamá soltera, papá soltero, etc. Claudia hace parte de una familia que encaja perfecto en la sociedad. Descubrir la verdad que descompone su hogar y deambular por los recovecos y misterios de la esencia humana, hará que la niña le cuente al lector un insospechado relato de vida.

De regreso a la actualidad, es devastador ver las imágenes de la Cali violentada por el olvido estatal y el abuso de fuerzas militares y vándalos desadaptados. Tras haber visitado dos veces la “Cali pachanguera” recuerdo que su energía en ambas ocasiones me envolvió electrizándome por completo. Pilar Quintana observa a Cali desde las calles de su barrio, el supermercado de su familia, el centro comercial de encuentros furtivos, la montaña de su aislamiento y ese esplendor que ilumina todo el valle caucano. El río y el zoológico también son palpables en cada página y para quienes nacieron en la capital de la salsa colombiana, este libro los acercará a las memorias guardadas de su ciudad.

“Había de todos los tipos. De sol, de sombra y de agua. Unas pocas, los anturios rojos y las garzas blancas, tenían flores. Las demás eran verdes. Helechos lisos y rizados, matas con hojas rayadas, manchadas, coloridas, palmeras, arbustos, árboles enormes que se daban bien en materas y delicadas hierbas que cabían en mi mano de niña.” Los abismos – Págs. 13 – 14.

Y qué decir del “Viruñas”, personaje mítico que en la obra encauza un hilo conductor fantástico y metafórico arrojando al lector a un lago de preguntas, todas con ansias de encontrar respuestas. La fría y densa humedad del “Viruñas” empalaga la piel de los protagonistas a tal punto que los empieza a descomponer de adentro hacia afuera. Pensamiento y accionar humano en decadencia consume a Claudia y su familia, los sofoca. La pequeña se obsesiona, se hunde y se pierde. Paulina, su fiel amiga, aparece para salvarla, ella es su puente de comunicación, ella se transformará en su anzuelo hacia la libertad. Gracias al sacrificio de Paulina, Claudia volverá a subirse a la canoa, volverá a respirar y su mundo dejará de colapsar.

¿Somos conscientes acaso del dolor o simplemente actuamos siguiendo referentes costumbristas de angustia, queja o sufrimiento? Leer los abismos, me llevó al debate del dolor humano y su implacable trazo sobre nuestras almas. Las huellas quizás sean imborrables. Sanar, de otro lado, deja de ser un imposible. Claudia nos ofrece en su narración íntima esa respuesta tan anhelada.