Palermo Melancólico

Existen tardes de silencio perfectas para desatinados desahogos, aunque pensándolo bien, cada crepúsculo se va convirtiendo en un diálogo íntimo de profunda elocuencia, nacen conversaciones que desgarran ranuras abiertas dentro de ti e inspeccionan hasta el más recóndito de tus escrúpulos. No deben evitarse, no deben manipularse, lo más conveniente es que fluyan simulando riachuelos apasionados e intrépidos, cargados de verdades y gritos de libertad. No siempre son reveladores estos ocasos, en ocasiones tanto grito simplemente aturde, la libertad brilla por su ausencia, la autocompasión te encadena y lloras, no tienes más remedio que llorar.

Un par de ojos que lagrimean expresando su tristeza, sucumben. La incertidumbre se apodera del espacio, respiración contenida. Tú mirada deambula por ramajes, cielos y cortezas. Preguntas, cuántas preguntas más podré resistir. ¿De qué están hechas las almas? ¿Pueden dos energías fundirse en un sólo cuerpo y entregarse a la libertad del amor verdadero? ¿Puede un ser magnetizar a otro y mostrarle que el amor no siempre debe ser corrosivo o doloroso? ¿Acaso es posible encontrar antídoto a la obsesión mundana del apego? ¿Existe la posibilidad de que no surjan más preguntas?…no lo sé.

Algunas respuestas reveladoras llegan a la mente, sin embargo, siempre intentas evadirlas y camuflarlas en olvidadizos pensamientos. Una respuesta en particular me deslumbra y resplandece en los espejos de agua. Todo ocurre ante el desnudo del alma y su habido misterio. Cientos… no… miles de máscaras me observan, me indagan, me cuestionan, se materializan sólo para derribar al oponente y, es aquí, donde empieza mis transformación. El frío del bosque desciende y me convierte en una torre flotante, un tronco que se hace más poderoso con tu constante crítica y señalamientos de responsabilidad. Se hace tan revelador ahora observarte de frente, las dos máscaras finalmente caen, los oráculos internos no dan tregua, es hora de sentarme, siento mareos y mucha fatiga.

Solo espero que quizás mañana o en cualquier momento de nuestro futuro, el fulgor de tu osadía se deje cubrir por la mía, que seamos dos seres de fosforescencia y tornasol brillando convencidos en que es la legitimidad del existir lo que nos mueve, nos recarga y nos llena de vida.

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